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Mensaje claro y directo a aquellos cuyo milenario reinado ha llegado a su fin, aquellos que están en el ocaso de su imperio basado en el engaño, la dominación y el sometimiento de la gran mayoría por parte de unos pocos.
Vuestros súbditos están despiertos, vuestros súbditos ya no lo son más
Performance a cargo de compañerxs de la Comisión de Artes de AcampadaSol frente a La Bolsa de Madrid, el 17 de Septiembre en la acción del 15m: Toma La Bolsa
Performance a cargo de compañerxs de la Comisión de Artes de AcampadaSol frente a La Bolsa de Madrid, el 17 de Septiembre en la acción del 15m: Toma La Bolsa
Una auténtica bocanada de aire fresco. Un verdadero maratón de intervenciones de especialistas de renombre académico y posicionamiento crítico. Y más de quinientos jóvenes, y, junto a ellos, otros muchos peinando canas, agrupados en las proximidades de la Bolsa de Madrid en su lucha, iniciada el 15-M, contra el modelo de sociedad y el capitalismo especulativo y financiero que ha creado la actual y grave crisis económica. Concentrados para escuchar a un amplio equipo de economistas y expertos y dotarse de conocimientos que fortalezcan su lucha. Para acceder al conocimiento como «motor de cambio», en sus propias palabras.
Un foro social organizado por el Grupo de Trabajo de Economía Sol, vinculado a la iniciativa Occupy Wall Street, una propuesta «para plantar una nueva semilla de resistencia en EE UU» en la que un millar de jóvenes norteamericanos se concentraron ante el tempo de las finanzas del “Tío Sam”.
La jornada comenzó al mediodía y concluyó casi en la medianoche en una ejemplar expresión de lucha y protesta pacífica. Algo que contrastó de forma muy acusada y visible con el fuerte dispositivo policial desplegado por el Ministerio del Interior para impedir que los “indignados” pudieran pisar siquiera las escalinatas del edificio de la Bolsa madrileña, el sacrosanto altar de las finanzas españolas.
La jornada estuvo vinculada a la iniciativa Occupy Wall Street, una iniciativa simultánea a la que se celebraba en más de veinte ciudades de varios países.
El foro fue abierto por las palabras de Ruth, una jovencísima periodista, que calificó la jornada de «día histórico para la extensión internacional de este movimiento que comenzó hace ya cuatro meses y dos días». Existían razones para tal afirmación. La jornada iba a tener lugar en más de una veintena de ciudades de todo el mundo: Nueva York, San Francisco, Los Angeles, Austin, Seattle, Madison, Toronto, Atenas, Berlín, Frankfut, Sttutgart, Lisboa, Oporto, Viena, Amsterdam, Paris, Cambridge, Barcelona, Valencia, Bilbao, Santander y Las Palmas. Y en todas ellas un mismo objetivo: «denunciar la dictadura de los mercados financieros, un ente tras el que se esconden nombres y apellidos que se nos quieren ocultar y que provocan el hambre, la miseria y la pobreza, en un afán continuo de acumulación de capital».
Un total de nueve intervenciones, oídas con especial atención y respeto. La primera, la de Carlos Castiñeiras, especialista en mercados financieros, que, con una didáctica exposición del funcionamiento de las bolsas de valores, denunció los contratos de futuros como responsables de gran parte de la especulación y calificó la actual situación de «robo, estafa y “putifundio”». Tras él, María García, de Veterinarios sin fronteras, reveló el control de las producciones y comercialización de alimentos por nueve grandes empresas multinacionales, que controlan a su antojo los precios de los productos y causan el hambre en los países pobres, y criticó la desaparición de grandes extensiones de cultivos para la producción de especies vegetales para la producción de biocombustible. A su vez, el economista Carlos Ruiz y Jorge Fonseca, catedrático de Economía Aplicada de la Universidad Complutense de Madrid, plantearon al alimón las diferencias entre la economía productiva y la economía especulativa, que primó de forma escandalosa la actividad económica capitalista durante las últimas décadas. Y cómo la preponderancia de la segunda y todo un ininterrumpido proceso de desregulaciones para sacar del control gubernamental tal tipo de economía se encuentra en el origen de la actual crisis económica.
Paraísos fiscales
Por su parte, Ricardo G. Zaldívar, profesor de Economía en la Universidad Carlos III y miembro de ATTAC, situó abiertamente como «pieza clave del sistema» y «lubricante del sistema capitalista» a los «paraísos fiscales». Zaldívar denunció que en los paraísos fiscales operan muchas de las empresas españolas del IBEX 35 al igual que están domiciliadas las compañías que obtienen sus beneficios con actividades criminales como la trata de blancas, prostitución y narcotráfico, desde donde blanquean el dinero que luego invierten en la Costa del Sol. Y abogó por un aumento de la presión social para lograr su desaparición, «un objetivo alcanzable», así como del secreto bancario establecido en países como Suiza.
Tampoco nuestras multinacionales nos representan.
Los mecanismos de las empresas transnacionales fueron puestos al descubierto por el profesor Daniel Vila, también perteneciente a ATTAC, y Pedro Ramiro, investigador del Observatorio de Multinacionales en América Latina. Daniel Vila señaló que desde el golpe de Estado que derrocó al presidente Allende en Chile, en 1973, «se está desarrollando una contrarrevolución social en la que son agentes las corporaciones multinacionales». En esta misma dirección, señaló que «se están debilitando y desmontando los Estados en beneficio del poder de las empresas transnacionales o multinacionales». Y, más tarde, denunció que «la responsabilidad social corporativa es la ideología de la llamada “gobernanza”». En una intervención, en la que recordó que, en un proceso de «puerta giratoria», presidentes de Gobiernos de España como José María Aznar y Felipe González han terminado siendo contratados por empresas que ellos mismos habían privatizado, Carlos Ramiro recordó que las empresas españolas, «han utilizado el continente americano como base para su conversión en multinacionales» y afirmó que «tampoco nuestras multinacionales nos representan».
Ladislao Martínez, portavoz de Energía de Ecologistas en Acción y miembro de la Plataforma contra la privatización del Canal de Isabel II, criticó la tremenda desigualdad de los modelos energéticos de los países del Norte y del Sur y el modelo energético de la oligarquía, que los poderosos siguen obstinados en seguir aplicando, provocando el cambio climático, con todas sus catastróficas consecuencias. Para él está claro que no necesitamos la energía que genera este modelo, sino los servicios que la energía nos proporciona.
El foro fue cerrado con la intervención de Carlos Taibo, profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid, que inició sus palabras recordando a Jordi Dauder, excelente actor catalán y militante de la izquierda, fallecido dos días antes. Frente al actual modelo de sociedad, que él define como «modo de vida esclavo», con un «hiperconsumismo que es más bien un indicador del malestar general», Taibo planteo la necesidad de ser capaces de poner en marcha el decrecimiento, «una propuesta anticapitalista de redistribución radical de los recuros, que no sustituye a otras alternativas sino que es un agregado a tales contestaciones». Una propuesta de decrecimiento en la que juegan un papel decisivo la recuperación de la vida local, la sobriedad y sencillez, la renta básica de ciudadanía, el reparto del trabajo y la primacía del ocio creativo…
«La indignación no tiene fronteras».
Una jornada gratificante que demostró el particular interés de los jóvenes por comprender los diversos mecanismos que han generado la grave crisis que padecen de forma tan acusada las clases y capas más desfavorecidas así como las alternativas que se plantean al actual modelo de sociedad. Y, entre medias, una imaginativa pieza de teatro en la que se escenificó la creciente voracidad de los bancos. Hacia las diez de la noche, una pantalla improvisada permitió trasladar a los reunidos en la Plaza de la Lealtad el saludo solidario de sus compañeros concentrados en Nueva York ante el máximo símbolo del capitalismo internacional: la sede de la Bolsa neoyorkina, Wall Street. También el de otros muchos “indignados” de otras capitales, como Tel Aviv… Desde el comienzo al final de los debates, los jóvens corearon consignas como la siguiente: «De Norte a Sur, de Este a Oeste, la lucha sigue, cueste lo que cueste». Porque, tal como había puesto de relieve Ruth al comienzo de la jornada, «la indignación no tiene fronteras».
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Carlos Ruiz Escudero, presidente de Attac Madrid en la jornada Toma la Bolsa.
Today, over a thousand demonstrators began protests as a part of a campaign they are calling “Occupy Wall Street.” The protesters intend to engage in long-term civil disobedience to draw attention to Wall Street’s misdeeds and call for structural economic reforms. RT America covered the start of the campaign. Watch it:
As demonstrators converged on Wall Street — with police blocking them from reaching the New York Stock Exchange — much of the news media paid little attention to the protests. Meanwhile, much of the conservative punditry has taken to mocking the demonstrations, with conservative Twitter users lambasting the “hippies” in New York City. CNN contributor and RedState blogger Erick Erickson labeled the protesters as “profoundly dumb.”
Certainly, debates about the tactics and strategy behind an anti-Wall Street campaign are warranted. But in a country where much of the populist energy has been absorbed by a movement that compared expanding access to private insurance to “death panels,” it’s worth reviewing why Americans and others should be protesting against Wall Street.
While many of the conservative defenders of Wall Street may be quick to portray protests against the American financial establishment as driven by envy of its wealth or far-left ideologies, the truth is that people have a very simple reason to be angry — because Wall Street’s actions made tens of millions of people dramatically poorer through no fault of their own. In 2010, the International Monetary Fund and World Bank conducted studies of the effects of the global recession — caused largely by Wall Street financial instruments that were poorly regulated by government policies — and found that the recession threw 64 million people into extreme poverty:
The International Monetary Fund estimates that the global economy contracted by 0.6 per cent in 2009 and the implications of this have been severe for many. Economic growth in developing countries was only 1.7 per cent in 2009 compared with 8.1 per cent in 2007. However, if China and India are excluded, the economies of developing countries actually contracted by 1.8 per cent. The World Bank has estimated that an additional 64 million people will be living in extreme poverty on less than US$1.25 a day by the end of 2010 as a result of the global recession.
And nearly three years after the start of the global economic crisis — where taxpayers in multiple countries were called upon to save the financial industry — most of the banking elite’s top executives remain virtually untouched. There have been almost no high-profile convictions for fraud and related financial crimes, banking profits continue to soar, and unemployment not just in the U.S. but globally remains very high.
Given these facts, the question is not why more than a thousand people demonstrated on Wall Street yesterday. The question is, why aren’t even more people in the streets of the financial district in New York City?