Artículo "UNA SOCIEDAD ENFERMA" (Carta abierta de un padre ante la situación en Valencia)
Una sociedad enferma.-
Una sociedad que golpea a sus gentes sólo puede estar enferma. Agredir a los demás, nunca es saludable y si son jóvenes, incluso chicas y chicos menores de edad, te revuelve aún más las tripas. Los jóvenes piensan que han venido al mundo para cambiarlo y por eso son únicos, necesarios e imprescindibles. El tiempo ya se encargará, como en el poema de Jaime Gil de Biedma (“Yo vine al mundo para llevármelo por delante…”), de decirles la amarga verdad de la existencia; pero mientras crean en sí mismos, serán fuertes, frescos, ¡jóvenes! Los que no recordemos nada de todo eso, tenemos algo más que un simple problema de edad.
En Valencia, en el Instituto Luis Vives (este humanista decía que “nada es tan fácil y tan útil como escuchar mucho”, aplíquenselo las autoridades por favor), y en otros centros de enseñanza, los jóvenes denuncian que en sus aulas hace frío porque no hay calefacción, que van al colegio con mantas, que no hay dinero ni para fotocopias, ni para papel higiénico (se lo llevan de casa). Se han tenido que organizar padres y personal docente, para adecentar las aulas, porque no hay dinero para mantenimiento o limpieza. Esos chicos protestan para que no se reduzcan aún más los presupuestos de la educación pública, mientras a todos nos venden las bondades de la educación concertada y privada (“y el que no pueda que se joda”). No hace falta ser muy avispado para ver intereses espurios.
El problema es grave. Estos jóvenes, que se están educando en la penuria económica, han crecido viendo la megalomanía, los fastos y la corrupción de sus líderes locales, con la maravillosa y ruinosa Formula I, el esnobismo de la Copa América, los aeropuertos fantasma y sus ofensivas estatuas de catorce metros, el increíble maridaje entre la diosa de la fortuna y algunos próceres políticos, sus basuras enriquecedoras, los oropeles de sus depuradoras, sus “bolsitos” de Loewe, sus trajes de carnaval o sus “Bigotes” que quieren un montón. Para unos tanto boato y para otros: recortes, paro o un contrato miserable. Y encima, a estos “mindundis” va y se les ocurre protestar. ¡Insensatos! Está claro que hay que callarles, aunque sea a porrazos.
Yo os doy las gracias por protestar, por reclamar lo que es justo y merecéis; además es un derecho constitucional: educación pública de calidad. A los políticos y a los banqueros de esa Comunidad, con su “abnegada gestión” y su “dedicación altruista”, no les tiembla la voz al decir que no hay dinero (vamos que la Fórmula I, las estatuas, los “Bigotes”… eran gratis). Lo primero que deberían hacer es pedir perdón a todos los ciudadanos y en especial a vosotros los jóvenes, por haberos robado la calefacción, por haberos robado el papel higiénico y por haberos robado el futuro (duele más que las ostias). Como les faltará dignidad para hacerlo, sabed que los injustos, los ineficaces, los inútiles y afortunadamente los prescindibles son ellos, ¡vosotros no!
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